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BOPP, una industria a dos velocidades

Bajo las siglas BOPP se desarrolla una potentísima industria que arroja elevados y constantes índices de crecimiento mundial.

El auge de esta industria lo determinan las especiales propiedades de un material tan versátil y extraordinario como es el Polipropileno Biaxialmente Orientado, que han convertido al film de BOPP en el protagonista indiscutible de la industria de los embalajes y envases flexibles.

El imparable consumo de alimentos envasados, junto con el desarrollo de países emergentes son factores clave que aseguran la presente y futura demanda de este material.

En los detallados estudios del sector realizados por consultoras especializadas, se prevé que la industria crecerá en torno al 4% anual hasta el año 2020, dando lugar a una producción de más de diez millones de toneladas de film de BOPP.

En la misma medida, las últimas cifras aportadas por los grandes fabricantes de film de BOPP hablan de una facturación anual de miles de millones de euros.

Son cifras apabullantes, incluso para alguien que, como yo, ha vivido en primera persona el desarrollo y evolución de este mercado durante los últimos treinta años.

Mi vínculo con esta industria se remonta al año 1987, cuando viajé a Fujiyama, Japón, formando parte de un grupo de técnicos destinados a estudiar y formarse en esta tecnología que, posteriormente, aplicaríamos en la primera empresa española fabricante de films de BOPP.

A nivel personal, me divierte recordar mi estado de “shock” ante una cultura y un modo de vida tan especial y diferente al que tuve que adaptarme rápidamente, con alguna que otra anécdota memorable incluida.

A nivel profesional, esta experiencia marcó el inicio de la que sería mi trayectoria hasta el día de hoy y mi primer contacto con una incipiente industria definida, en aquel momento, por estos tres parámetros.

En primer lugar, una tecnología muy sofisticada y altamente especializada, que requería profesionales altamente cualificados. Un mercado altamente dependiente de los fabricantes de materia prima, así como de las multinacionales que poseían los conocimientos técnicos y los recursos económicos necesarios para adquirir la costosa maquinaria. Y, por último, un mercado de difícil acceso debido a la minuciosa protección del Know-How, encriptado bajo altísimas cotas de confidencialidad y secretismo.

Características como estas determinan que los fabricantes de BOPP sean pocos y que estén implantados únicamente en países industrializados como Japón, EE.UU, y parte de Europa.

A partir de aquí, en los siguientes veinte años, mi trayectoria profesional transcurrió aportando asistencia técnica, a pie de máquina, a los principales fabricantes de BOPP del mundo ubicados en Europa, Asia y América.

Son estos “paseos” por el mundo los que me conectan diariamente con el mercado y con las diversas etapas por las que atraviesa. De esta forma, pude constatar cómo la situación inicial se mantuvo pocos años, dado que, a la natural evolución de este mercado se le sumaron varios factores que favorecieron la expansión de fabricantes de BOPP, destacando fundamentalmente uno, la apertura del Know-How.

Esta apertura se produce mediante la fuga de conocimientos que ocasiona el trasvase de técnicos de grandes compañías ya consolidadas a otras de nueva creación o que, estando ya asentadas en el mercado, deciden incorporarse a esta área de negocio. Cabe destacar también la influencia que tuvo en esta apertura el flujo de información procedente de los fabricantes de materias primas y de maquinarias.

Como consecuencia inmediata, este progresivo y “fácil” acceso al Know-How atrajo a potentes inversores y se tradujo en la implantación de numerosas plantas de producción en países en vías de desarrollo como India, Sudamérica o China, donde el bajo coste de la mano de obra y la creciente demanda son especialmente atractivos.

Así, y a modo de ejemplo, China pasó de incorporarse a este mercado con escasas plantas instaladas en la década de los ochenta a las más de sesenta que posee en la actualidad.

Igualmente, a la expansión del BOPP ha contribuido notablemente la evolución de la tecnología y la maquinaria. De forma que es asombroso estudiar cómo partiendo de la primera extrusora portátil, inventada en 1973 por el Sr. Erich Munsch, hemos llegado a las actuales controladas por autómatas y que alcanzan los ocho e incluso doce metros de anchura, con espesores que es posible reducirlos por debajo de las doce micras, si bien esto merece un capítulo aparte.

 

    BOPP, a dos velocidades

En todo este contexto mundial, la situación actual del BOPP es una industria que crece, y que lo hace a dos velocidades:

Una velocidad A definida por dos parámetros:  producción y precio.

Una velocidad B definida por dos parámetros: investigación y especialización

En el primer caso, nos encontramos con un escenario de masiva inversión en líneas de producción de alta capacidad, que deriva en una superproducción que el mercado no es capaz de absorber y una competencia basada en precios y bajos márgenes de rentabilidad.

En esta velocidad A la industria está centrada en un crecimiento rápido y en la venta de productos commodities, destinados a mercados de un menor nivel de exigencia.

Aquí, la estrategia de mercado está basada en la instalación de maquinaria de alta producción y en la reducción de costes en materias primas y mano de obra para posteriormente salir al mercado a competir por precios.

En el segundo caso o velocidad B nos encontramos una industria centrada en la investigación y con declaradas intenciones de revolucionar el mercado desarrollando productos de alta especialización y novedosas aplicaciones.

La estrategia de mercado en este caso es diferente; busca desarrollar procesos auxiliares y secundarios con los que obtener films muy especializados que requieren de complejos conocimientos técnicos. Estos procesos, habitualmente, son recubrimientos especiales que otorgan al BOPP propiedades que no tiene por sí mismo y que suponen un alto valor añadido.

Se trata de implantar nuevas técnicas de fabricación mediante cambios en las estructuras del film que permitan aditivar las distintas capas de forma independiente, que permitan situar al BOPP como alternativa a otros materiales plásticos, como el film de poliéster, siendo más competitivo en precio y rendimiento.

Además, se quiere trasladar la tecnología del BOPP a otros sectores que permitan desarrollar todo el potencial de los materiales poliméricos, así como su aplicación en mercados emergentes. De este modo, salen al mercado a competir por calidad y exclusividad.

El principal reto de las compañías que operan bajo estos parámetros es proteger su Know-How, volviendo a los niveles de confidencialidad que se daban en los inicios de este sector. Para ello, es necesario que todos los actores, materias primas, procesos auxiliares y demás, estén dentro de su propio ciclo de producción, lo que ha dado lugar a que las grandes compañías inicien la adquisición de competidores y pequeños fabricantes de procesos auxiliares.

Son particularmente destacables las fusiones con empresas fabricantes de masterbatches, que les permiten desarrollar sus propias mezclas y materias primas, sin intervención de agentes externos. Con todos suman experiencia y conocimientos, crean nuevas sinergias y centros de poder, y, sobre todo, se aseguran la confidencialidad de sus formulaciones.

En resumen, estamos, por tanto, ante un mercado que tiende a monopolizarse, y ante una industria del plástico cuya siguiente fase evolutiva estará marcada necesariamente por el desarrollo de materiales sostenibles, es decir, compostables, reutilizables o reciclables, así como por su total incorporación a la nueva revolución industrial, marcada por la digitalización y automatización de todos sus procesos.

Como dicen en mi tierra, vivir para ver…

Manuel Reyes
CEO – HT Masterbatch

 

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